jueves, 29 de abril de 2010

Ezra Pound

Uno de los casos más dramáticos de la represión de la democracia contra la cultura es el de Ezra Loomis Pound (Idaho 1885 – Venecia 1972).

En una de sus famosas obras “Jefferson and/or Mussolini”, elogia a Mussolini y se pone decididamente de su lado por considerar que el fascismo es la única posibilidad de vencer a la Banca Internacional y a los banqueros judíos. “La usura es el cáncer del mundo, sólo el bisturí del Fascismo puede extirparla de la vida de las naciones”, escribe en 1929. Atacando duramente lo que él llama “la usocracia demoliberal”, afirma: “Es la tarea de esta generación hacer lo que no han hecho los primeros demócratas.
Cuando estalla la Segunda Guerra Mundial, Pound no duda en atribuir la culpabilidad a la Finanza Internacional, que es la que ha provocado el desastre. Así afirma: “Esta guerra no ha nacido de un capricho de Hitler o Mussolini. Esta guerra forma parte de la guerra milenaria entre usureros y trabajadores, entre la usocracia y todos lo que hacen una jornada de trabajo honrado con el brazo o con el intelecto”.



Por hacer estas declaracioes fue detenido por los "ALIADOS", concretamente por los Norte americanos el 5 de mayo de 1945, y llevado a un Centro Disciplinario de Entrenamiento de Pisa. No sabía que iba a tener que demostrar hasta la saciedad, con hechos, su propia frase: “Si un hombre no está preparado a correr riesgos por sus opiniones, es porque o bien sus opiniones no valen nada, o él no vale nada”.


Fue metido en una jaula de hierro (en los cantares la llama “la jaula del gorila”), en una linea de jaulas en que se guardaban a los condenados a muerte. El sol y la lluvia le daban encima y de noche poderosos reflectores le impedían conciliar el sueño. A las tres semanas de semejante tratamiento, Ezra Pound tuvo que ser trasladado a la zona médica.
Luego de seis meses es llevado a los Estados Unidos y encerrado en un “Instituto Psiquiatrico”.

Es liberado en 1958, luego de una cruel reclusión sin haber tenido jamás un juicio ni una excusa.
En un encuentro con un camarada sudamericano – Miguel Serrano -, Pound sale de su mutismo para declararle: “Sabes por qué me mantengo en silencio? Para que nadie me induzca a decir algo contrario a lo que escribí o hice. Y porque los guerreros al final estamos solos y nadie, salvo el camarada, nos comprende. Y nadie está ya con nosotros, sino las sombras de los héroes muertos”.

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